Hablemos de Sexo

Cuando nombrarlo ya es un acto disruptivo

En las comunidades donde me he formado —incluso en espacios terapéuticos y de desarrollo personal— he observado algo constante:

nadie habla de sexo abiertamente.

Hay un secretismo denso.

Una incomodidad casi palpable.

Como si nombrarlo ya fuera una transgresión.

Y sin quererlo, me convertí en la persona disruptiva por traer este tema marginado a la palestra.

No porque quiera provocar.

Sino porque no entiendo el silencio.

Mi propio recorrido

Este camino no comenzó como una misión profesional.

Comenzó como necesidad.

Preguntas sin respuesta.

Castigo por nombrar.

Aislamiento social.

Espacios donde quería pertenecer y de los que fui retirada con frases como:

“Aquí no hay cabida para hablar de sexualidad.”

He hablado desde lo holístico.

Desde la ley de polaridades.

Desde lo femenino y lo masculino.

Desde el diseño divino.

Desde lo energético.

Desde lo clínico.

He cambiado el color del discurso: rojo carmesí, rosa viejo, lenguaje simbólico, lenguaje científico.

Y aun así, la palabra sexo abruma.

Entonces me pregunto:

¿Por qué incomoda tanto algo que es tan natural como la vida misma?

La energía que nadie quiere mirar

La sexualidad es energía creadora de vida.

Es energía vital.

Es impulso, deseo, vínculo, memoria corporal.

No importa cómo la nombremos.

Holística o clínica.

Biológica o espiritual.

Es sexo.

Y todo lo que lo rodea.

A veces se le llama “sagrado”.

No en sentido religioso, sino en su significado más profundo:

algo separado, protegido, apartado del uso común.

Y sí.

La sexualidad ha sido separada del resto de la experiencia humana.

Se educa en secreto.

Se practica en secreto.

Se sufre en secreto.

Mi búsqueda intermitente

He transitado múltiples caminos:

conducta, cognición, sexología clínica, sexualidad holística.

He tenido años de sequía intelectual.

Y años de diluvio de información.

He sido intermitente.

He buscado un método que sane mi propia historia.

Pero hay algo que no cambia:

la dirección siempre vuelve a la sexualidad.

Como si el viento insistiera en marcar esa ruta.

Y hoy lo digo con claridad:

esta es mi área.

La sexualidad.

No porque tenga todas las respuestas.

Sino porque veo una necesidad invisible en la salud mental:

integrar lo sexual sin miedo

¿Y si no soy yo?

A veces me pregunto:

¿seré yo la que no encaja?

¿O será que muchos espacios aún no pueden mirar su propio dolor teñido de historia sexual no resuelta?

Tal vez hay heridas que no han sido abordadas.

Tal vez hay jueces internos que siguen asociando sexo con pecado, suciedad o controversia.

Tal vez hay traumatización vicaria y no siempre se tienen las herramientas para sostener relatos sexuales sin que el propio cuerpo se cierre.

Lo cierto es que el silencio persiste.

Y el silencio también comunica.

Un modelo compasivo para la sexualidad

Hoy mi impulso no es provocar.

Es integrar.

Quiero presentar un modelo compasivo de sexualidad con una mirada:

- Clínica

-Somática

-Holística

-Neuroafectiva

-Vincular

Un modelo que permita:

-Ampliar el vocabulario

- Despatologizar conductas consensuadas

- Formular preguntas guía

- Iniciar la conversación sin invadir

- Saber cuándo acompañar y cuándo derivar

No todos necesitamos ser sexólogos.

Pero sí necesitamos poder preguntar.

Heidi Vivas - Alkimia de mujer

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