A veces me preguntan qué me habilita para estar en el campo de la salud mental, y confieso que esa pregunta ha tocado partes sensibles de mí.
Durante mucho tiempo, una parte mía se sintió en falta por no haber seguido el camino académico de la psicología.
Pero hoy comprendo que mi habilitación no nace solo de un título socialmente aceptado como la psicología, sino del profundo compromiso con mi propio proceso de autoconocimiento, con la formación constante y con el respeto absoluto por el alma humana.
Mi camino ha sido tan académico como vivencial.
Me he formado en orientación a la conducta, sexología, constelaciones familiares, sexualidad holística, y psicoterapia informada en trauma con el enfoque del Dr. Gabor Maté (Indagación Compasiva).
He profundizado en la teoría del apego, la teoría polivagal, la terapia somática, la sabiduría tántrica y en la comprensión del cuerpo como territorio de presencia, historia y transformación.
Pero más allá de las aulas, fue mi propia historia la que me llevó a comprender la salud mental desde dentro.
Durante años busqué conexión a través del sexo: en los encuentros, en los abrazos después, en la ilusión de pertenecer y ser mirada.
Hoy sé que aquello era una forma de buscar seguridad, contacto y amor, una manera inconsciente de regular mi sistema nervioso cuando aún no conocía otros caminos.
He pasado de vivir la sexualidad desde la urgencia y la confusión, a habitarla como un espacio de consciencia, placer y vínculo genuino.
Ya no busco la subida de la curva del orgasmo para sentirme viva: ahora encuentro vida en la respiración, en la ternura, en la calma, en ese gozo más profundo que nace cuando el cuerpo y el alma se encuentran.
Todo ese recorrido —personal, espiritual y académico— me ha permitido desarrollar habilidades esenciales para este campo:
la presencia empática.
la escucha profunda.
la capacidad de acompañar el trauma con respeto y sin invasión.
la compasión encarnada como base del vínculo terapéutico.
No me reconozco desde un título, sino desde una práctica viva de consciencia, cuidado y responsabilidad.
Me reconozco como una terapeuta integrativa: una mujer que une ciencia, cuerpo y espiritualidad para acompañar con humildad y amor.
Mi verdad es que no busco “hacer terapia” desde el saber, sino acompañar desde el ser.
Y desde ahí, sostengo con respeto este lugar en la salud mental: no como alguien que cura, sino como quien camina junto al otro, reflejando la luz que ya habita en su interior.
✨ Heidi Vivas – terapeuta integradora, acompañamiento en reconexión femenina y sexualidad compasiva